Las subidas de los mercados de la semana pasada se han disipado. El viernes terminaban bruscamente tras el anunció de Hungría de que su situación era “dramática” y un dato de empleo peor de lo esperado en Estados Unidos.
Después de este anuncio, el nuevo gobierno húngaro ha matizado sus declaraciones y afirma que no existe riesgo de impago pero a estas alturas el daño ya está hecho. La leve recuperación de la confianza que volvía a los mercados ha sido cortada de raíz enviando al euro a niveles de 1,19 frente al dólar, mínimo de los últimos cuatro años. Un nuevo caso dentro de la Unión Europea de problemas de deuda y esta vez, cogiendo desprevenidas a las instituciones (aunque teóricamente el FMI tenía controladas sus cuentas).
La situación no puede ser más complicada. En primero lugar, por las dudas de si los países europeos podrán pagar sus altos niveles de deuda, pero aunque lo consigan, queda la duda de cómo afectará los recortes de presupuesto al crecimiento y si estos podrían provocar una nueva recesión. Demasiadas dudas y demasiada volatilidad para que el mercado se asiente.
Ahora la pelota vuelve a estar en el tejado del Banco Central Europeo que será el encargado de reestablecer (otra vez) la confianza. Esperemos.